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domingo, 24 de junio de 2018

"Deshonra"

Desde mi nacimiento he hecho feliz a mucha gente, he dibujado sonrisas cuando ni siquiera me lo pedían, he secado lágrimas sin pedir nada a cambio, he ayudado a quien creo que lo necesitaba sin estar predispuesto con una carta bajo la manga, he construido lazos sin intereses oscuros, he sido sincero sin que el dejar de serlo fuera opción.



He sido la honra de mi papá, su tercer hijo que llegó cuando quizá él no se imaginaba cambiando pañales otra vez. El más pequeño, el consentido, al que debe proteger siempre, el que enseñó a manejar bicicleta y me llevaba al parque de diversiones. Siempre hablándome con carácter cuando me caía para que me levantara con ganas, siempre dispuesto a ser mi acompañante en cualquier escenario.

Soy la honra de mi papá, porque hoy en día yo soy su acompañante en las buenas y en las no tan buenas, porque con su edad no necesita un bastón cuando me tiene a mi, porque cuando se aventura en el Metro de Caracas a mi lado, sabe que puede tomar mi mano porque jamás lo soltaré. Porque hoy lo invito a comer perros calientes como él me invitaba a mi cuando era niño, porque hoy me ve trabajando como alguna vez él trabajó, porque hoy aprende de mi tantas cosas como cuando yo aprendía con él.


He sido la honra de mi mamá, porque llegué a este mundo contra viento y marea, me sobrepuse a las pequeñas complicaciones en el parto y quebré todo mal pronóstico, porque cumplí con su sueño de ser madre. Su primer hijo, ella quería tres, yo le digo que puedo valer por tres; aprendí a hablar y caminar a corta edad, me sabía los números en español y hasta en inglés, incluso en italiano, me educó con los mejores valores y me ha dado todo lo que he necesitado, desde lo más esencial, hasta el mayor de los caprichos en mi pasión por los videojuegos.

Soy la honra de mi mamá, porque hoy en día soy su mayor orgullo y sueña al igual que yo en el futuro esperanzador que hay por venir gracias a todo lo que me educó. Porque soy su confidente, su mejor oyente, porque sabe que me puede contar las cosas y siempre estaré escuchando, porque además conoce que si no tengo la respuesta, por lo menos tengo mi atención en sus palabras. Porque traerle un detallito de vez en cuando me hace feliz, y porque a pesar de estarle eternamente en deuda por todo lo que me ha dado (y me sigue dando), sabe que doy lo mejor de mi y no me pide más de lo que esté a mis posibilidades, así quiera entregarle una galaxia entera para ella sola.


He sido la honra de mi tío, porque ha querido ser más un hermano mayor y mi mejor amigo, porque sin que nadie se lo dijera, él así lo aplicó desde el primer momento. Porque siempre ha estado abierto a que confíe en él, a que le cuente mis cosas sin juzgar absolutamente nada, porque aconseja con sabiduría a pesar de que pensemos distinto en ocasiones y porque siempre ha velado por el bienestar mío y el de toda la familia.

Soy la honra de mi tío, porque hoy en día puedo apoyarlo un poco más cercano a lo tanto que él me sigue apoyando día tras día, porque ese vínculo especial permanece intacto e incluso más fuerte con los años, porque siempre me tiene como prioridad y yo también velo porque le vaya bien en sus proyectos. Porque él sabe que mis intenciones siempre serán buenas, así como han sido las de él.


He sido la honra de mi abuelo, desde que nací hasta mis 14 años cuando él tuvo que partir más allá de los límites de la vida. Su fiel colega en sus travesuras como comerse un helado o una pasta con mucho aceite de oliva y anchoas. Quien lo acompañaba sin chistar en sus paseos por el C.C. Lido, de disfrutar su calmado conducir por la autopista de regreso a casa, de hacerle sonreír con bromas. Siempre fui la honra de mi abuelo, porque ser su nieto era un grato orgullo y siempre se lo hice saber, tanto así que me lo tatué en la piel.

He sido la honra de mi abuela, la mujer más emocional que he conocido, apasionada por el orden, la limpieza, el tener todas sus cosas y la de los suyos en buen estado. Siempre orgullosa de mi, con todo lo que lograba, sin importar que fuera un pequeño detalle o una verdadera victoria, ella siempre daba su felicitación. Porque cuando decía las palabras "mi nieto Simón", su tono era de orgullo, de satisfacción... Aún cuando la vela de su corazón se estaba apagando, aún cuando tenía que aferrarse a mi para levantarse de la cama, ella al agradecerme mencionado mi nombre, lo hacía con el mismo tono.


He sido la honra de amigos, compañeros y parejas; de todas esas personas con quienes ya no comparto tanto pero que les dejé y me dejaron cosas buenas. He sido la honra de los amigos y compañeros que tengo hoy, prestando mi apoyo incondicional, mi confidencia y mi amistad sincera a todos esos que siempre están dispuestos a compartir contigo en las buenas o en las malas.

No importa si son amistades dentro o fuera de Venezuela, no importa donde estemos. Lo que vale es que de parte y parte es un honor y orgullo ser los buenos amigos que somos. Además, quiero ser una honra para mi país, para mi carrera y para el reflejo que vea de mí en el espejo, sentirme honrado por mí mismo todas las noches que vaya a dormir, porque mi conciencia está tranquila.




Sé que no le puedo caer bien a todo el mundo, entiendo que no pueda causar las mismas sensaciones de las personas mencionadas a los demás y esto está muy bien, de verdad, jamás he impuesto algo como eso.

Sin embargo, las palabras deben cuidarse y no existen comentarios que deriven en verdades absolutas. El respeto no se negocia, no tiene cargos de jefes o superiores, y lo más importante, no es un pedido, sino una exigencia para que exista buen convivir.

Puedes pensar mal de mi, puedes detestarme por razones absurdas que solo tú conoces, puedes tratarme con hipocresía creyendo que ambos somos unos idiotas que no nos damos cuenta, puedes jugar a la molestia y desesperación, al desgaste de mis facultades y a golpear mi autoestima con comentarios jocosos que solo a ti te dan risa.

Y sí, puedes presentarme a los demás como una deshonra. 

Puedes hacerlo una, diez, cien veces si lo deseas. Si esas son las acciones que hacen que tu día valga la pena, si eso forma parte de tu lista en una semana exitosa, te invito a que lo vuelvas a hacer.

Yo le digo en estas letras, a quien pueda interesar y con todo respeto... Que me importa una, diez y cien hectáreas de pepinos (para no ser vulgares, aunque otros sí lo sean) a quien yo le pueda parecer una deshonra, a quien pueda presentarme como una deshonra y en especial a quien por razones banales piensa adjetivarme como deshonra.

A mi lado caminan personas que piensan todo lo contrario, no serán muchas, pero tampoco son pocas, de hecho, para mí son las suficientes, las que valen y a las que sí les pongo cuidado en sus palabras y su sincero sentir hacia mi persona. Porque ellos sí son importantes.

Deshonra es alguien que ataca, que juega con las amenazas, que golpea en el autoestima de quienes están ávidos de conocimiento y crecimiento personal, quienes usan la hostilidad como método de ponerse por encima de los demás y quien tiene que gritar más para tener la razón.

Deshonra es alguien que le pasa factura a los demás por un mal día. Deshonra es alguien que le hace a los demás lo que le hicieron a él cuando no pertenecía a un cargo alto.
Deshonra es alguien que le hace a los demás lo que él juró no hacerle a los demás.
Deshonra es alguien que le arrebata el entusiasmo, las ganas y la proactividad a la gente.
Deshonra es alguien que grita su superioridad para callar al resto.


Porque si hay diez espectadores y nueve aplauden, mientras que uno solo abuchea...
Ya sabes a dónde llevaré la vista.


domingo, 22 de enero de 2017

¿Qué color eres tú?


Colores, todo lo que vemos, lo que es y lo que se es. Cada quien ve la vida de algún color, o cada quien tiene el color como una vida. Todos vestimos de un color por un ánimo, ya sea para mostrarlo o para esconderlo. Las mentes persisten en tener un color de preferencia, una sutil manera de identificarse, sabiendo lo que representa, o sencillamente porque le cautivó la mirada.

Colores vemos, sentimientos desconocemos, emociones no sabemos, pero uno por uno identifiquemos.



Azul, como el cielo o su reflejo en el océano. Estabilidad, profundidad, infinidad. Curioso que puedes perderte en el inmenso mar o el infinito cielo durante una eternidad, así como se pierde la mirada en unos ojos de este mismo color.

El color sincero y piadoso, el tecnológico e inteligente. El favorito de muchos, no es de extrañar, en la heráldica simboliza la sinceridad y la piedad.

Color masculino en su mayoría, aunque del todo no lo diría. En las uñas de ellas se ve muy bien, elegancia y clase, la tarjeta de presentación del azul. 

Color frío, transmite calma, como el sonido del agua, que algunos también la pintan de azul. Todo va conectado, con cuidado, ojalá el azul a tu vida haya llegado, porque no importa si es claro como el entendimiento y la curación, u oscuro como el conocimiento y la integración. Como dice la canción, puedes conseguirte un amor azul.



Rojo, simboliza pasión, fuego, y a veces peligro. Puede significar el deseo o una advertencia, puede que ambos, por la lujuria, a quien también representa.

Se cree que es el color de la intensidad emocional, ya sabes, los corazones son rojos, la sexualidad es roja, todo lo romántico se suele pintar de rojo, así es, se pinta de rojo, como de rojo se pintaba esa chica que conociste y besaste su boca con su colorete rojo escarlata, deseando plasmarlo en tu mejilla después. O puede que esa chica fueras tú.

El color imponente, lo ves a centímetros, a metros, a kilómetros, lo ves de arriba hacia abajo, de abajo hacia arriba, lo viste, lo ves y lo verás. En la heráldica simboliza el coraje y el valor, curioso porque también asemeja al amor, y vaya que se necesita coraje para enamorarse.

Rojo claro para la intimidad, rojo oscuro para la vigorosidad. Roja será aquella rosa que le darás a tu enamorada, o mismo rojo para la rosa que acompañe a tu ser querido cuando lo visites en su última estadía. El rojo puede ser el inicio y el fin.



Amarillo, simbolizando luz, energía y al sol mismo. Podría decirse que es el color más caliente, el cual le brindaría calidez a quien fuera incluso tan frío como el azul mismo. Provoca alegría, felicidad y hambre, mucha hambre, ya sea por la decoración en un establecimiento de comida o porque ella se puso su blusa amarilla esta mañana. Podría ser coincidencia... O puede que no.

El color que reclama atención, el que le da existencia al marcador con el que resaltarás esa frase que te ha enamorado. Es brillante y así como uno debería hacer ante dificultades en la vida, el amarillo se encarga de sobresalir en contraposición cuando colores más oscuros buscan arroparlo.

Desenfadado y espontáneo, demasiado variable a veces, no sabe ser seguro o estable. El amarillo claro sabe a originalidad y alegría, mientras que el amarillo oscuro tiene significado lúgubre y de envidia; así como el bien y el mal, respectivamente.

Repitiendo su semejanza con la luz del sol, radiante, que destella sus reflejos, así como lo hace la cabellera de aquella rubia, o brillante como el anillo que enlazó un compromiso hasta que la muerte los separe.



Verde, el principal símbolo de la naturaleza, la frescura, la armonía. Y si esa persona vistiera de verde, imagínate la sensación que daría a tu percepción.

Es un opuesto al rojo respecto a referencias, rojo es peligro, verde es seguridad; pero en navidad están juntos, las uniones de colores a veces son otro universo. El verde en heráldica es crecimiento y esperanza, resaltando esta última sensación, una emoción optimista, de estabilidad y resistencia, los cuales también son cualidades del verde.

Cerati dice que decir adiós es también crecer, y el verde es crecimiento, podrías usar verde en tu próxima despedida. Dicho color también significa fertilidad, como la tierra fértil, como la planta fértil, como tus sueños y logros fértiles.

Verde oscuro como el dinero y la ganancia, verde olivo como la paz, verde claro para la protección. Verde como esa esmeralda que recuerda a su mirada, verde como aquella hoja que le pusiste en su oreja, verde que se va y siempre vuelve, como la hoja en otoño y primavera.



Combinando la alegría del amarillo y la energía del rojo, se sienta naranja representado al trópico. Compite también por darle símbolo a la alegría y color a los rayos de sol, el naranja es atracción, es calor y determinación.

No es agresivo como el rojo, pero sin duda es más caliente, como el desierto a quienes da calor o incluso a la arena en algunos casos, esa que te quema los pies, pero en la sombra te agrada, te agrada tanto como besar una boca que acaba de rozar una naranja, la fruta que comparte nombre con este color vigoroso. 

Cítrico, como una naranja y una mandarina, dulce como un durazno y un melón. Hay naranjas oscuros que producen desconfianza, pero otros más claros e intensos simulan el deseo de acción y persistencia.

En la heráldica es fortaleza y resistencia. La misma que se debe tener cada vez que se ve ese atardecer naranja, pensando si en alguna de esas prestigiosas nubes naranjas está ese ser querido que ha partido.



Morado, el color de la realeza, el reservado, el elocuente. Se asemeja con nobleza y mucha espiritualidad. El segundo preferido de este servidor.

Es el ejemplo del círculo cromático de que los opuestos pueden atraerse y dar como resultado algo maravilloso. El caliente rojo con el frío azul, logran llegar al tenue e intrigante morado. Imagina lo que lograrían entonces los pueblos diferentes, las naciones diferentes, tú y esa persona diferente.

El color de las flores, la orquídea, la violeta, la lavanda, flores delicadas y preciosas, como esa persona especial cuando usa la imaginación, poder de nuestra mente que también representa el morado.

Creativo y tímido al mismo tiempo, el color fantasmal, el alternativo para la noche y el color que posee la amatista, que se vería bien en tu cuello y resaltaría más si sonríes. 



El máximo exponente de la iluminación, el color más puro e incluso inocente. Ausencia de colores, para los puristas de la artística. Limpieza para los más espirituales.

Es frescura y pulcritud, como un piso blanco, como un muro blanco, como un mueble blanco, como una piel blanca. El color de la virginidad, la nada esperando el comienzo de todo.

Color que adorna los cielos, las nubes para los que no creen, los ángeles para los creyentes. Presente como símbolo de sanidad, pero en la ironía de estar presente en lugares no tan queridos, puesto que es el color de hospitales acompañados de luces blancas, segadoras, que encandilan.

Hay cosas que son blancas a medio camino, como el matrimonio, que suele llegar a mitad de la vida. En otras ocasiones es el inicio, la raíz de todo, el blanco del lienzo que pintarás, el blanco de la pared que decorarás, o el blanco de aquellas páginas que te dedico y pronto leerás.



La formalidad y la elegancia, primeros sinónimos que puede llevarse el color negro a su tarjeta de presentación. Es el color más oscuro, pero los expertos del color dicen que es el resultado de unir todos los colores, toda esa variedad, todos esos tonos, todos convirtiéndose en el color más profundo. Curioso, ¿no creen?

Es el color de lo enigmático y lo misterioso, asemejando el sentimiento de la incertidumbre, lo desconocido. El que pinta el cielo todas las madrugadas, el que pinta el universo por toda la eternidad de los cosmos.

La cultura popular lo llevó al terreno del luto, del dolor, la pena, la muerte. Pero otros le contribuyen la autoridad, la fortaleza y la supremacía ante las situaciones adversas. Es el color del rock, de la música estridente, y a su vez lo clásico, de lo instrumental, el yin-yang de la música lo lleva el color negro.

Negro es el color preferido de este servidor, negro como los ropajes que quien les escribe suele frecuentar. Negro como su cabello, negro como las galaxias, negro como el infinito, infinito que puede ser su mirada, más aún si es la mirada de unos ojos negros.


Colores para el corazón,
colores para el alma, 
colores para la vestimenta,
colores para nuestra conciencia.
Todos buscamos un color,
o mejor, todos somos un color.

Ahora cuéntame tú, ¿qué color eres?



Dew.

viernes, 21 de octubre de 2016

El escritor


  Escribir es la representación de palabras e ideas mediante letras, bueno, eso dice el diccionario. Yo digo que me gusta escribir, y es que con los años he aprendido que la escritura va más allá de ser un verbo o una acción, porque no todo el mundo puede escribir lo que quiere, ni cuando quiere y a veces, ni siquiera logran escribir lo que piensan.
   
  Desde pequeño me gustó escribir, en primaria estuve participando todos los años en un concurso de cuento navideño, el cual al fin logré ganar en sexto grado cuando ya me iba de aquel colegio. En mi secundaria un día me creé un blog, solo por gusto, porque me provocó y porque un sujeto de Internet al que admiraba (y sigo admirando) tenía uno y lo leía todas las tardes. No me enorgullezco de los primeros escritos, muchísimo menos de la redacción, pero lo que si me da orgullo es como fue evolucionando todo ese tema.

  Empecé a llenar párrafos, ya no por caprichos o niñerías, sino por relatar cosas, lo que me pasaba y lo que pensaba. Pasé así durante meses, años, las visitas fueron aumentando y mi redacción se fue puliendo. Me volví obsesivo con cada palabra, los que me conocen lo saben, hablo por el Whatsapp como si fueran a quitarme 1,5 puntos por error; pero realmente eso me ayudó, porque una cosa es querer escribir bien y otra es acostumbrarte a escribir bien.


  En mi blog me volví un personaje sin darme cuenta, me personifiqué de una manera peculiar, pero seguía siendo yo, porque de eso era el blog, ya sea lo que me ocurría o lo que se me ocurría en el día a día. ¿Cuántas historias he contado? Aquella fiesta nefasta donde el DJ azotó nuestros tímpanos con salsa cabilla toda la noche, o esa ocasión donde me enfrenté verbalmente con una señora que primero decía que estaba gordo y luego daba los buenos días. Redacté con detalle cuando aquella chica que me amaba a través de una pantalla puso gesto de asco como si yo tuviera lepra cuando me vio en persona. Relaté cuando un día de marcha oficialista unos chavistas me pitaron y criticaron porque llevaba una franela de Nirvana y que seguro nunca escuché a Alí Primera (aunque confieso que no se equivocaron en eso último)

  Aprendí a manejar las emociones, por lo que logré redactar con el estilo de la otra cara de la moneda: La seriedad. El camino tan empinado para llegar a la etapa universitaria, la historia de cómo al fin logré hacerme mi tatuaje. También he escrito en honor a quienes ya no están, como un gran amigo del bachillerato y sobretodo, mi abuelo. Tampoco me olvidé de escribir sobre este país en el que vivo y este amor y odio que le tengo.

 Al final de cuentas, ha sido una experiencia inolvidable, me han visitado casi 35 mil personas, que puede ser mucho o poco dependiendo de tu percepción. Pero te aseguro que yo no he llegado a ese número de conocidos todavía, así que por mi está de maravilla.



  Estudio Comunicación Social, pero a la vez quiero dedicarme a la escritura. Creo que no pude elegir mejor carrera que esta para eso, aunque conociéndome, pude ser ingeniero, odontólogo o chef de empanadas e igual estaría escribiendo en mis tiempos libres e incluso crearía mis propios libros. Pero no me malentiendan, quiero trabajar en radio, ser una personalidad de Internet y escribir guiones de películas. Sin embargo, todo eso puede estar a la altura, pero la cordura me dice que seguiré amando la poesía y la literatura. Además, por allá dentro de cien años cuando cruce el límite de la vida, a uno siempre lo recuerdan por las buenas labores que hizo. ¿Qué quiero que digan de mí? “Ah bueno, ese pana se dedicaba a escribir de todo. Sí, así mismo, él era el escritor”


Dew.



miércoles, 17 de febrero de 2016

Pensando la vida mientras me transporto

Abrir los ojos temprano y pensar de una vez en el día que se me avecina, costumbre que traigo conmigo en cada despertar. Fines de semana no cuentan, ahí mis pensamientos son de descanso y paz. Donde más trabaja mi mente es en horario laboral, entre semana, los cinco días donde la ciudad más se mueve, más se vive.

Veinte minutos después de las cinco de la mañana, Aveo azul. Desde Santa Mónica hasta la estación de Plaza Venezuela, un trayecto que mi padre me facilita todos los días, haciendo no solo accesible mi trayecto, sino también muy seguro. 



 Mientras mi padre conduce, desde el asiento de copiloto siempre pienso lo mismo, el valor de tener un padre así. Soy agnóstico, pero en esos veinte minutos de camino quizá dejo de serlo, empiezo a desear y rogar por esos deseos, ruego a un Dios, al destino, a quien sea que deba rogarle, un pedido de que le dé larga vida a mi padre. 76 años de edad, se escribe fácil tanta cátedra de vida y experiencia. 

Pienso en cuantas “colas” a Plaza Venezuela quedarán, pienso en que nunca quiero que acaben hasta que termine la carrera y sea yo quien lo deba llevar a donde quiera. A pesar de pensamientos de angustia por un futuro impredecible y de mis ruegos, pienso que debo valorar, disfrutar y sobretodo, agradecer eso que sucede desde Santa Mónica hasta Plaza Venezuela.

Las seis menos quince minutos de la mañana, Metro de Caracas. Desde la estación Plaza Venezuela hasta La California, un encuentro con el transporte de nuestra capital venezolana con el que tenemos esa relación de amor y odio, como alguien con quien estás porque te mantiene, no porque te guste. 

Mientras suena “Cruz de navajas” de Mecano en el famoso Metro Radio, pienso como la gente con el andén en plena soledad, está entrenada para hacer las cosas mal. Escupir hacia las vías o hacer una fila contraria a lo dibujado en el piso son escasos ejemplo de un lugar donde la regla es romper las reglas. 



Ya con el vagón en movimiento, con agarradera en mano y escuchando desde mi teléfono alguna canción de Buckethead que se acople mejor a mi estado de ánimo, veo los rostros de gente desconocida que solo es conocida porque la veo todos los días. Sin embargo, al ver sus rostros no puedo evitar pensar en que me gustaría entrar en sus mentes y saber qué piensan, el porqué de esa mirada cabizbaja, el rostro deteriorado por el escaso descanso. Con tanta propaganda de caras felices de Magglio Ordoñez o Pastor Maldonado estampadas en el vagón, pienso que algo está mal, quizá con el país; ellos no sonríen, sino que más bien lucen con la mirada perdida, como Reverón en ese vagón que le rinde honor.

Seis y diez de la mañana, camioneta de la Universidad Santa María sin color definido. Llegando a la toma del transporte que me hace echarme el madrugonazo, un autobús que aspiro tomar sin la menor molestia, sin desorden y sin un tumulto de estudiantes que creen que su derecho a montarse de primero está por encima de los cincuenta que están en fila. Esto me llevará a mi casa de estudios.

La música de mi teléfono me sigue acompañando ya con el autobús vía a la universidad, a veces suena Incubus, otras Metallica, pero en la mayoría de los casos prefiero perderme en las rimas de Nach, sus estrofas filosóficas se acoplan bien con el viento que entra al autobús mientras va por la Cota Mil, presumo que a unos 110 Km. Si no hay anarquía en La California, sin duda es mi trayecto preferido. 



Pienso en la universidad, en lo que hago con mi vida, en si estoy haciendo las cosas bien, dudar es de jóvenes y de humanos, aún cuando hay buenas notas que te deberían hacer sentir bien. Pienso, como muchos piensan, que el estudio es necesario para llegar a la tribuna donde puedas ver tus sueños, para muy pocos el estudio en sí es el sueño.

Dos de la tarde, Metrobús de la línea Los Chaguaramos – Santa Mónica. Luego de trayectos en el autobús de la universidad y el metro, dirigiéndome a Ciudad Universitaria, el agotamiento empieza a relucir, mis transportes antes mencionados no merecen mucho detalle, ya me han amargado bastante, Caracas es una cuando amanece, es otra cuando almuerza, dos caras de la moneda devaluada.

El metrobús es mi instancia de descanso y donde los pensamientos me arropan. Ya no pienso más en la gente, sino en mí. Mientras transita ese gran autobús que a veces es verde, otras rojo, veo como la Santa Mónica que me ha acogido toda mi vida, se está deteriorando, no puedo hacer nada al respecto, solo pensar.



Pienso en si aguantaré todas las dificultades que me pone ser estudiante de la USM, pienso en lo desesperado que me siento a veces, incluso en las frustraciones de no poder hacer lo que quiero, en no trabajar aún, en que no se me han dado las cosas. El metrobús se detiene en sus paradas, pero mis pensamientos no tienen frenos, quiero hacer mucho, se me da poco. 

Llegando a casa, me reciben personas emblemáticas en mi vida, mi padre y mi madre. Sin saber que pienso, verlos alegres, me quita todos los malos pensamientos, estoy feliz, incluso conforme.
No hay más transportes, pero sé que en el futuro al transportarme en el carro de mis sueños, en el sitio de mis sueños, haciendo lo que sueño, sé que estos transportes de hoy habrán valido la pena.

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Esta entrada fue originalmente hecha para la cátedra de Informativo IV de mi carrera. Mi primer encuentro con el género de crónica, disfruté mucho haciendo cada párrafo. Gracias por la oportunidad, Rubén.

Dew.



domingo, 31 de agosto de 2014

Veinte años


"No te preocupes por lo que no hiciste algún año, preocúpate por volver a intentarlo."

























     La vida es una carretera, la cual vives caminando, caminas y exploras toda esa línea de pavimento, que siempre parece infinita, es bastante larga y te da el suficiente tiempo para observar y vivir muchas cosas en tu camino. Sin embargo, a veces no sientes que caminas, no, a veces sientes que vas en algún medio de transporte, no necesariamente en uno de humildes velocidades, sino en uno un poco más rápido, tan considerable que unos cuantos kilómetros luego, no te das cuenta de cuando fue que llegaste a un punto determinado.

     Yo siento que fue ayer que cumplía diez años, entraba en lo que hoy en día he decidido llamar como "La década del uno a la izquierda", una década de momentos cruciales de mi vida, momentos únicos, la entrada de la adolescencia, la pubertad y ese cóctel de emociones que te vienen cuando vas creciendo, cuando vas viviendo la vida de un joven.

     No me malentiendan los mayores de veinte años, siguen siendo jóvenes; la juventud es algo sumamente interno, de la personalidad y la mente, pero no es secreto todo lo que se puede vivir en la década del uno a la izquierda.

     El punto de esta breve entrada va de que en unas horas caerá otro 1 de septiembre, lo que significaría otro aniversario de mi vida, es decir, mi cumpleaños, el número veinte en esta ocasión y tengo muchos sentimientos encontrados, más que todo, recuerdos encontrados.


     En esta década he vivido muchas cosas, creo que ya pierdo la cuenta. Viví la etapa culminante de mi primaria y viví mi secundaria entera, luego viví la vida universitaria en una carrera que no era mi rumbo, para luego hacer vida en otra casa de estudio pero con ahora sí la carrera con la que quiero hacer mi vida.

     He visto las mejores películas de mi vida, he jugado grandes videojuegos y escuchado las mejores piezas musicales.

    He conocido amigos, he mantenido otros con los años y dejé que se fuera quien no quería estar, así como también alejé de mi quien me hacía mal.

    Vi a unos más cruzar el límite de su vida, personas importantes en mi vida que me quisieron y/o que yo quise, sobretodo mi abuelo, que partió cuando yo tenía catorce años.

     He aprendido, me he equivocado, logré cosas, fallé en otras.

    Conocí lo que era estar enamorado por primera vez, llegué a tener mi primer beso, mi primera novia seria, mi primera relación íntima, mis primeras experiencias en el amor. Conocí luego de eso lo que era la decepción amorosa, en esa década yo quise, yo adoré, yo amé, pero luego también me defraudaron, me hirieron, lo admito, también odié.

    He vivido buena salud, pero he tenido mis altibajos en la misma, he cambiado mi físico, una metamorfosis, unas veces me sentó bien, otras veces en distinta manera, me cayó mal.

    He cambiado por algunas personas, quizá he sido dos personalidades distintas en estos años por los hechos que he vivido, quien sabe, eso lo ven quienes me conocen y sobretodo, lo sé yo.

    Es más, fue en esa década que hice, mantuve y sigo en este espacio, mi blog, que tanto quiero, que tanto amo, a pesar de que a veces dejo acumular las telarañas y demás. Pero que cada día que pasa, me deja más orgulloso por lo que he creado yo mismo.

    Lo importante es que he vivido, nada mas importa.



    He vivido muchas cosas en esta década del uno a la izquierda, ha sido divertido y estoy agradecido por cada día, no importa si hubo más buenos que malos o a veces más malos que buenos, al final todo ha sido experiencia y como yo no olvido de donde vengo, no puedo olvidarlos jamás, yo vengo de cada día de estos últimos diez años y me han formado la persona que soy hoy.

    Pero los años en la vida pasan, a veces, demasiado rápido para el gusto propio, así que bueno, en unas horas la década del uno a la izquierda terminará para mi, quien sabe si por esta vida, ya que una persona para volver a tener un uno a la izquierda de su edad, debe tener llegar a la fantástica cifra 100.

    Por los momentos me queda despedir una década que me dejó tantas cosas, estoy feliz, estoy contento, encaminado para las próximas décadas que vendrán gracias a la fantástica década del uno a la izquierda.

    Y en cuanto a la que podríamos decirle entonces "La década del dos a la izquierda", planeo encaminarla feliz, agradecido por todo lo anterior, pero enfocado ahora en vivir nuevas etapas, quizá hacer borrón y cuenta nueva en otras.

    Tengo la carrera, tengo el pasatiempo y la labor para mi futuro, tengo la salud estable, tengo familia y amigos que me apoyan a capa y espada. Y últimamente... Tengo a alguien especial que me está borrando las penas del pasado, me dibuja sonrisas y me está enseñando como se puede querer otra vez, ella sabe quien es.

    Estoy agradecido con todos mis lectores y sobretodo con los más fieles que han visto mi evolución con los años o que llegaron recientemente, pero se quisieron pasear por la biblioteca del tiempo que aquí hay a disposición para entradas anteriores.

   Estoy agradecido con todos, pero sobretodo con la vida, estoy viviendo una magnífica experiencia cada día y juro que cumpliré cada meta que me he propuesto, ahora es que vienen años de gloria y éxito. ¡Vamos!

    Gracias totales y bueno... Feliz cumpleaños para mi.

"felis cumpleeee zecksito jejejeje"

    Gracias a ti también, cabeza de machete oxidado.

Dew.



domingo, 11 de mayo de 2014

En honor a tu memoria, abuelo.






























"En la infinita lejanía de un atardecer, 
por allá en el interminable horizonte, 
ahí siempre te veré."
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   Esa imagen tiene ya sus años, se conserva casi acorde a la fecha que acontecerá en unas horas. Una imagen simple, quizá tonta para muchos, pero con un significado importante. Para mi, allí está plasmada una idea, una visión que los años no van a cambiar.

  Agradecimientos por supuesto a mi gran amigo Carlos Vallejo (mejor conocido como Charlie) quien hizo realidad los pensamientos idealistas que conservaba en mi mente, mi persona en la tierra, mi abuelo en el cielo, acompañado de un atardecer que para mi, significa mucho.

  Un poco conocido escritor llamado Charles W. Shedd dijo una vez: 

"Algunos de los mejores educadores del mundo, son los abuelos."
  Yo, yo le creo.

  Valfredo Alessandro Di Pasquale (Alfredo simplemente para sus conocidos) fue un gran hombre, siempre será lo primero en lo que voy a pensar.  Un ejemplo en perseguir, luchar y conquistar los sueños, donde rendirse no era una opción y el trabajo era una obligación para comerse entero el éxito.

  Alfredo nació en Italia por allá en 1939, en los tiempos difíciles donde la guerra tenía arropada al viejo continente. Los tiempos difíciles eran cotidianos y ahí no estaban planteados sus sueños, por lo que debido a sus deseos de surgir, puso en práctica un viaje, con mayoría de edad recién cumplida y una pequeña maleta se embarcó en una travesía única, donde fue a parar en el país tricolor, el de las oportunidades de los años 50, Venezuela.

  Con puro trabajo duro, complicado y doloroso, pero que traería ganancia y más ganancia. Alfredo tostó su piel con el inclemente sol, era obrero de construcción y fue escalando sus propios puestos gracias a sus habilidades visionarias para crear y hacer realidad edificaciones tan firmemente como cuando construía sus sueños. A partir de ahí, su historia sería sumar y sumar.

  De nada, empezó a tener poco, de poco consiguió mucho. Con ese mucho fue conociendo lugares, desde esos lugares conoció a su pareja. Con su pareja dio paso a crear una familia y en esa familia estarían dos hijos, un varón y una hembra, ésta última haría su vida al crecer y de ahí Alfredo conseguiría, lo que en sus propias palabras era "un tesoro", su nieto.

  Su nieto, era yo, Simón Alfredo León Di Pasquale.

  Nunca tendré palabras suficientes para expresar lo especial que era mi abuelo para mi, fue la primera persona en cargarme cuando nací, en pleno momento donde nadie sabía como rayos se cargaba un bebé, él simplemente lo hizo de manera espontánea, me relatan siempre.

  Los sábados eran sagrados, visitar a mis abuelos era una ley personal, compartir con mi abuelo Alfredo era algo esencial para nutrir mis semanas, mi infancia, eran buenos tiempos.

  Recuerdos poseo muchos, todos los paseos al Centro Lido en Chacaíto a tomar café y conversar en el camino, deleitarme con sus pastas, sus tortillas, su pescado frito y demás platillos que solamente él sabía hacer; ver la final del Mundial del 2006 (el último Mundial que presenció) y observar su sonrisa de oreja a oreja cuando Italia ganó. Pero eso si, lo más inolvidable será que mi abuelo me llevó a Italia en el año 2003, donde nutrió mucho más ese sentimiento y amor que le tenía a un país que hoy siento como si fuera mío, como una segunda casa. Hoy en día mi amor por Italia y por mi abuelo van en conjunto, una de mis promesas pendientes es plasmar ese símbolo en mi piel con tinta, esperemos pueda lograrlo pronto.



  Mi abuelo logró todo lo que quiso, todo lo que se propuso. Sin embargo, se le escapó un logro, un logro vital, un logro con el que la mayoría nacemos y mantenemos en buena parte de nuestra vida, pero que a veces, simplemente se degrada... El logro de la buena salud.

  No era un hombre perfecto, a pesar de que a veces lo pinto como tal. Le gustaba fumar, mucho... Con los años, eso afectó y culminó en un cáncer. La enfermedad no la tuvo fácil, se encontró con un hombre que amaba la vida, la amaba tanto, que temía perderla, además que nunca había final para sus sueños, para sus proyectos, tenía muchos todavía y rasgaría hasta el último centímetro de vida con las uñas, así lo hizo siempre y por eso se ganó por mi el apodo de "Cuore di Guerriero", que en italiano quiere decir "Corazón de guerrero".

  Lamentablemente, una mañana de mayo simplemente se apagó, a sus 75 años se tuvo que ir. Con él, se fue un pedazo de mi vida, de mi alma, de mi felicidad. Mi mundo se derrumbó, yo tan solo tenía 14 años y hoy cuando reviso al pasado, siento que no pude compartir tanto como realmente yo hubiera deseado.

  Eso ocurrió el 12 de mayo de 2009, el peor año de mi vida, dentro de unas horas desde que escribo esta entrada, se cumplirán cinco años de ese acontecimiento que estoy condenado a sobrellevar.  Una lágrima espinada está latente en mi corazón, estoy incapacitado de recordar a mi abuelo sin sentirme melancólico.

  Un futuro puro arrebatado por un destino injusto, miro alrededor y no lo encuentro, algo de mi sin duda partió en el momento que se fue. Sin embargo, como dice la canción "Ángel" de Nach, "en mi melancolía fría, hoy le cuento al mundo que exististe un día."

  Y si, mi abuelo es uno de esos millones de seres humanos anónimos, pero espléndidos y magníficos, un paladín de honor, un grande que pisó la superficie terrestre, que a pesar de que la historia no va a recordar, yo de principio a fin de mi existir haré de su recuerdo un hecho majestuoso.

  Aprendí ser constante, tener coraje, que el trabajo duro y constante es esencial para lograr nuestros sueños, pero que por supuesto, jamás se debe dejar de soñar.

  Abuelo, yo sé, que eres parte de mi, me enseñaste que perder la forma es perder la razón y que sin la razón no hay ideas, sin ideas no hay sueños y sin sueños no eres feliz.

  Hoy yo tengo muchos sueños, aunque no soy tan emprendedor como mi abuelo, es más, estoy a años luz de igualarlo en toda mi vida, pero yo sé que él, esté donde esté, quiere que yo haga lo que me gusta, que mis sueños sean una realidad forjada con trabajo duro, porque rendirse no es una opción.

  Siempre encontraré significado de lo que fuiste, pero jamás voy a comprender lo rápido que partiste. 

  Mis hijos y sobretodo mis nietos sabrán quien fue Alfredo, el hombre más maravilloso que me acompañó catorce años de mi vida, tan solo un ratico, pero que hizo cada día de esos catorce años, días felices.

  Sabrán todos como se hacía la pasta de aceite y ajo de mi abuelo, se enterarán de como era su risa y de sus ojos verde acaramelado, sus enseñanzas serán la predicación de nuestro hogar. Se enterarán ante todo... El gran corazón que tenía, un corazón de guerrero.

  A cinco años de tu partida... Te sigo echando muchísimo de menos, abuelo mío.

"In loving memory"

El orgullo más grande de mi vida, es haber sido tu nieto.

¡Gracias totales por absolutamente todo, abuelo! 

Te amo.

Dew.